miércoles, 2 de febrero de 2011

ENIGMA

ENIGMA

¿Quién eres mujer,
Que, del viento, con la avasalladora fuerza
Las defensas de mi alma derribas
Trastornando mi existencia?

¿De qué misterios insondables estás hecha,
Que mi razón contigo arrastras
En apasionada búsqueda
Por descifrar los bellos arcanos de tu corazón? 

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Poema


NOCTURNO

Fuera del tiempo
Sin rumbo definido camino por la noche
Bajo el peso de los primeros fríos del invierno
En compañía única de mis cavilaciones:
“Oh noche ciega, vacía eternidad
Sin astros que iluminen tu horizonte,
Ni tu frente como diademas coronen.”
Y en medio de esas  reflexiones
Apareciste tú, imprevisto lucero
Rasgando la monotonía de los paisajes de mi vida
Con la flamígera espada de tu luz
Hendiendo mis pensamientos, lacerando mi corazón
De alegría y de amor, colmados,
Dejando una estela cuyo brillo
Cada vez que miro al interior de mi alma
Me hace exclamar:
“¡Ahí ella está!”.

martes, 7 de julio de 2009

AUTOR ANONIMO

Hace un tiempo, unos ocho meses atrás o quizás más, estando de visita en casa de un amigo descubrí en su sala de trabajo, atrapado bajo una polvorienta rumba de papeles, un pequeño libro cuyo aspecto delataba no haber sido abierto por largo tiempo. Ante un primer examen superficial de la olvidada obra, el melancólico tono amarillento de las hojas denotaba en ésta ya varias décadas de encuadernación. No me equivoqué, pues pude verificar en su interior que la edición databa de 1936, bajo el sello de "Étoile du Sud", una pequeña editorial francesa ubicada en algún pintoresco suburbio parisino, cuyas luces se apagaron a principios de la década del '50, según precisó mi anfitrión.

Al continuar mi inspección, pude ver que se trataba de un poemario de unas 60 páginas, y que, aunque mi conocimiento del idioma fráncés es más bien modesto, los poemas eran de corte amoroso. El autor era un tal Jean Jacques Lenoir, nombre que ignoraba absolutamente y del que en el breve exordio del libro se consignaban como datos personales su nacimiento en Toulouse el año 1916, su traslado a París en 1933 para estudiar letras en la Sorbonne, y que la obra en cuestión, llamada "Dans l'ombre de la Rose" (A la sombra de la Rosa), era su debut editorial.

El hecho de mi ignorancia, sumado a la laconicidad de la descripción ofrecida en la introducción, incitaron mi natural curiosidad, por lo que inquirí a mi amigo detalles sobre Lenoir y sobre como se hizo de ese libro, a lo cual me respondió que no era extraño mi desconocimiento, puesto que a Lenoir ni siquiera en Francia le conocían, y que si tenía algo de tiempo, podría satisfacer mis cuestionamientos, a lo que contesté afirmativamente, disponiéndome a oírlo.

Comenzó diciendo que el poemario su padre lo había adquirido en un viaje que hizo a Francia en 1998, con motivo de la Copa Mundial de Fútbol. Según a él le había a su vez relatado, dos días antes de abordar el avión de regreso a Chile, decidió renunciar al programa que le proveía para ese día la agencia que había contratado para el viaje, y se dispuso a recorrer en solitario y como un parisino más, diversos rincones, históricos o no, de la ciudad luz. Después de horas de animada caminata, en algún estrecho y anónimo boulevard descubrió una oscura librería, con aspecto de ser muy antigua, pero que no carecía de encanto, con su quejumbroso piso de madera y repleta de inmensos estantes desbordados de libros y revistas. En ese especial y acogedor ambiente, le pareció mejor atesorar, como amante de las letras, algunos de esos libros en lugar de las ordinarias réplicas en miniatura de la torre Eiffel, como recuerdo del viaje. De ese modo, sumergiéndose en los atestados muebles, cogió casi por azar el libro de Lenoir, un nombre que no le sonaba de nada, pero cuyo título le cautivó, y tras leer un par de poemas, decidió comprarlo junto a otras obras de autores de renombrada fama.

Eso sí, antes de marcharse de allí, preguntó al librero, un viejo señor con aspecto de sabio, si sabía algo sobre ese misterioso poeta, Jean Jacques Lenoir. Ante la consulta, monsieur Renard (así se llamaba el librero), animada y cortésmente le ilustró sobre lo que había logrado recabar respecto del poeta en sus largos años en la librería. Partió confesando que desde su publicación, cuando el local aún pertenecía a su padre, había leído con gusto los versos de Lenoir, que, como su autor, siempre fueron de bajo perfil, prácticamente desconocidos en toda Francia. Hacia 1938, en una revista literaria dedicada a nóveles poetas, pudo corroborar que efectivamente había nacido en 1916, en Toulouse, y había emigrado a París para estudiar en la Sorbonne en 1933, como se mencionaba en su obra; y se enteró además, con satisfacción, que se encontraba preparando un nuevo libro que pensaba entregar a su editor al año siguiente. Pero, de acuerdo al relato del señor Renard, nunca llegó ese segundo libro a ver la luz: Lenoir apenas iniciada la segunda gran guerra se alistó en el ejército y fue destinado al frente, en el cual murió combatiendo en 1940; según supo largos años después de boca de otro poeta que solía frecuentar su local, contemporáneo de Lenoir y compañero suyo en el frente, el que también le contó que Jean Jacques se había llevado el manuscrito de su segundo libro consigo, con la esperanza de ultimar los detalles, y el que finalmente terminó perdido en el campo de batalla, devorado por la humedad y el tiempo.

Al terminar mi amigo su entretenido relato, le pedí prestado el libro en cuestión, a lo que accedió de buena gana, y luego ya en casa, con la ayuda de un buen diccionario me sumí en su lectura, la que de manera alguna me fue de poca dificultad. Ahora que ya he terminado, quisiera compartir alguno de estos poemas, como forma de dar a conocer a este poeta ignoto:
CUANDO CAE LA NOCHE

Cuando cae la noche,
Cuando cae,
Extendiendo su manto de sombras
Surcado de brillantes astros;
Cuando cae, serena,
Apagando las voces febriles y los clamores
Que en la ciudad bullen;
Cuando cae,
Sembrando la calma,
Dejando imperceptiblemente paso al silencio;
A la distancia,
Siento la dulce voz de tu corazón,
Cantando suavemente,
Como el murmullo de una vertiente cristalina;
¿Acaso -cuando cae la noche-
No oyes tú al mío diciendo,
Acompasadamente y sin cesar
“Te quiero”?


martes, 9 de junio de 2009

¿QUÉ ES EL CINE?

Siempre vamos por la vida cuestionándonos todo lo que nos pasa, lo que vemos, lo que hacemos, lo que decidimos, lo que experimentamos, etc., intentando descifrar la esencia de cada cosa o llegar al fondo de cada asunto, aprehenderlo, comprenderlo, manejarlo, en fin de desentrañar los arcanos de la existencia o de lo que sea, se trate de cuestiones más o menos trascendentales... o al menos algunos lo hacemos (me puse filosófico, ¿viste?).

En fin, durante un momento de ocio me abandoné a reflexionar sobre lo que es el cine, pero lo cierto es que más que llegar a pomposas definiciones o a academicismos de manual, títulos e imágenes comenzaron a cruzar mi mente, en una danza frenética que abarcaba toda clase de filmes... Así, dentro de esa mescolanza empecé a clasificar; por ejemplo, apareció la escena en que Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani) es maltratado por una multitud ante los incrédulos ojos de su pequeño hijo Bruno, en "Ladrón de Bicicletas", y me dije "¡definitivamente esto es ¡CINE!" Luego llegó el turno de aquel pedante y a la vez simpático vividor llamado Bruno Cortona (Vittorio Gassman), y al oír aquel su inefable y socarrón "Modestamente...", no se puede más que exclamar "he ahí CINE"... Luego rugen los motores, como inmensos enjambres de abejas, de las 50.207 partes de "Fast and Furious", y no hay más comentario que decir "sine". Posteriormente pasa toda esa infumable colección de "una loca película de.." (miedo, épica, mafiosos, cloacas, etc.), y automáticamente sale el cartel "siñe". Sigue cualquier cosa que haya hecho Adam Sandler o Sean Scott Williams, que indefectiblemente llevan asociado el rótulo "zine".

Amaina la tormenta, y aparece ese terrible juego de ajedrez que sostiene contra la parca el caballero cruzado Antonius Block (Max von Sydow) en "El séptimo sello", del maestro Bergman, y de pie se proclama "¡¡¡CINE!!!" Luego, la demencial comedia negra de Álex de la Iglesia, "El día de la Bestia", la entrañable película argentina "El hijo de la novia", y esa violentísima, pero extrañamente bella sorpresa coreana llamada "Oldboy", y no hay dobles lecturas: "CINE".

Se desata nuevamente el aguacero, y surgen olvidables esperpentos como la saga "Scream", perfectamente ordenadas de la 1 a la 347, "Sé lo que hicieron el verano pasado" y sus sucedáneos, y toda clase de pestes protagonizadas por gente linda de gusto a nada, que lamentablemente a golpe de talonario pueblan los cines.

Por suerte ahí está Don Vito Corleone y su familia en "El Padrino", para librarnos de esas pérdidas de tiempo, apoyado por ese extraño Travis Bickle de "Taxi Driver", y por el duro William Munny (Clint Eastwood) de "Unforgiven", entre otros... y así desperté de mi ensoñación, dando gracias por los bellos y emotivos momentos que nos ha proporcionado la dichosa maquinita de los hermanos Lumière, rogando porque sigan apareciendo aquellos que han inmortalizado y mantenido viva la llama de tan noble arte.



sábado, 9 de mayo de 2009

EL MEJOR RECITAL DE LA HISTORIA: THE ROOFTOP CONCERT

Quizá debería comenzar aquí con el clásico "érase una vez" con que se inician todas las historias entrañables, sin embargo, decidí que no lo haría, no por carecer de dicha característica lo que me propongo relatar, sino más bien porque constituye casi el capítulo final de una fábula iniciada unos cuantos años antes.
Mejor empezaré haciendo una relación de todo aquello que no fue y que permitirá apreciar su, a estas alturas, carácter de legendario: No hubo afiches pegados en cada muro de la ciudad donde acaeció, ni ningún otro tipo de publicidad: sucedió sin aviso previo. Las entradas no tuvieron el valor estratosférico de los recitales de Madonna: tan solo bastó a los afortunados estar en el lugar correcto, a la hora indicada. No duró los tres días de Woodstock, ni tuvo una sucesión interminable de artistas: fueron suficientes 42 minutos y 1 banda. Ni acudieron los tres millones y fracción de personas que tuvieron los Rolling Stones hace unos años en Río: tan sólo unos cuantos cientos de atónitos transeúntes. Por último, y entre tantas otras cosas que pueden decirse, tampoco tuvo el sonido etéreo de las presentaciones de Pink Floyd ni sus despliegues visuales. ¿Se puede adivinar a que me refiero?
Sucedió en Londres hace 40 años, exactamente el jueves 30 de Enero de 1969, bajo un amenazante cielo gris (no podía ser de otro modo en Londres). ¿La dirección? El número 3 de Savile Row. ¿Había allí alguna sala de conciertos? Definitivamente no, se trataba del edificio de Apple Records Corp. Hablo pues del "rooftop concert", el original concierto que los Beatles dieron en la azotea del edificio de su sello discográfico, que a la postre resultaría ser la última vez que se les vio actuar juntos.
Con posterioridad al "Album Blanco", los Beatles, atendiendo a una idea de Paul, decidieron que la grabación del siguiente LP iría acompañada de un documental que registraría todos los detalles de su proceso creativo; además, y como una forma de darle un magnífico corolario a la película (y a la vez apoyar la publicidad del film y el disco) se contempló la posibilidad de hacer una presentación en vivo. Se propusieron diversos lugares para llevar a cabo la actuación como, algún pequeño club, en referencia a sus inicios en The Cavern; o un anfiteatro en Grecia, entre otros. Sin embargo el 26 de Enero de 1969 decidieron que el lugar sería la azotea de su edificio corporativo.

Aquel gélido 30 de Enero al mediodía, los sastres de Savile Row (ahí se encuentran los talleres de los sastres de la ciudad), los oficinistas de calles aledañas que se encontraban en la hora del "lunch" y los transeúntes que circulaban por allí, se sobresaltaron por el estruendo que empezó a bajar desde lo alto de alguno de los edificios. Cuando identificaron de donde venía el ruido, pasaron rápidamente del azoramiento a no dar crédito a lo que oían: ¡eran los "fab four" absolutamente en directo y gratis! Colosal sorpresa si atendemos al hecho de que los Beatles seguían siendo el grupo más popular del Reino Unido, y que no tocaban en vivo desde el recital que dieron en Candlestick Park, San Francisco, el 29 de Agosto de 1966.

La voz se fue corriendo por la ciudad y la calle en cuestión se fue llenando de público hasta paralizar el tráfico, mientras otros trepaban a las azoteas de los edificios aledaños a la Apple Records Corp. para lograr ver tamaño acontecimiento. El sueño duró 42 minutos, momento en que agentes de la Scotland Yard forzaron el final del show, eso sí no por el caos que provocó en la ciudad, sino que por los airados reclamos de un comerciante de lana de la cuadra, quien tachó el suceso como una "vergüenza absoluta" y pidió el fin de "este maldito ruido". Al respecto Ringo declaró: Si con algo me decepcionó la policía es al no arrestarnos. Hubiera sido genial terminar el concierto en la azotea con un titular "Beatles terminan concierto en la Cárcel". Por otra parte John con su ironía habitual al finalizar la última canción se despidió de la audiencia diciendo: "Me gustaría agradecer en nombre del grupo y esperamos haber pasado la audición."

En fin, una banda genial sólo podía tener una despedida a su altura de los escenarios. Sin tours mundiales, sin lágrimas, sin usar la tribuna de los medios, sin comunicados rimbombantes, como lo hacen todos. Sólo ellos y su fiel público, tal como la historia comenzó. Simple, pero a la vez, soberbio. Inigualable, por más que algunos lo intenten, ¿o no, Bono?

He aquí, el "Rooftop concert", el único, el auténtico (no acepte imitaciones).




lunes, 23 de febrero de 2009

NACIMIENTO Y PASIÓN

Si bien más de un mes ha transcurrido desde la Navidad, con ocasión de ésta ha vuelto a rondar por mi mente un maravilloso poema escrito por Vicente Huidobro, titulado "Pasión, pasión y muerte", el cual leí y releí asiduamente en alguna época y cuya existencia el paso del tiempo se encargó de remover a algún ignoto lugar de mi cerebro.

Publicado el Viernes Santo del año 1926 en el diario La Nación (Santiago de Chile) (sí, en esa época era natural ver poesías en las páginas de los diarios, del mismo modo en que hoy nos enteramos en ellas de las vicisitudes amorosas de personajes de dudosa "fama" y nula importancia), se dice que su aparición fue, dentro de la alta sociedad chilena de ese entonces, algo cercano a la detonación de un artefacto explosivo, pues el vate daba a conocer públicamente su enardecido amor (amor que según dicen los expertos fue fructífero en cuanto a que sirvió de inspiración para algunas de sus más importantes obras, entre ellas, Altazor) por una muchachita llamada Ximena Amunátegui, la cual apenas se empinaba por sobre los 16 años. Huidobro contaba a la sazón con 33 años, un matrimonio y tres hijas. Luego de ese episodio se vio obligado a huir al extranjero para aplacar el escándalo, el cual se desató en toda su magnitud un año después, en 1927, cuando regresó clandestinamente al país, recogió a su enamorada en la puerta del colegio, y finalmente huyó con ella por tierra hacia Argentina, para luego embarcarse a París.

Volviendo al poema en sí, en principio parece tratar sobre la pasión y muerte de Jesucristo, pero luego esa religiosidad cede y se nos revela el verdadero caracter del poeta, más bien ateo:

"...Señor, perdóname si te hablo en el lenguaje profano,
Mas no podría hablarte de otro modo
Pues soy esencialmente pagano..."


En seguida, un par de versos después aparece el real motivo, la amada, que despierta una pasión tal en él que, incluso sin creer en Dios, le obliga a elevar de todos modos una plegaria:

"...Hay en el mundo una mujer, acaso la más triste,
Sin duda la más bella,
Protégele Señor sin vacilar, es ella,
Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,

Ayúdame a quitarle de todos los peligros Señor..."


Ahora, ¿qué tiene que ver la Navidad en todo esto? En verdad, nada; tan sólo una simple asociación de ideas (o desvarío, si lo quieren así llamar) me llevó a imaginar los versos iniciales del poema, que rezan así:

"Señor, hoy es el aniversario de tu muerte
Hace mil novecientos veintiséis años tú estabas en una cruz
Sobre una colina llena de gente
Entre el Cielo y la Tierra tus ojos eran toda la luz",
en una versión alternativa acorde con la festividad de fin de año:

Señor, hoy es el aniversario de tu nacimiento
Hace más de dos mil años tú estabas en un humilde pesebre
Sin más abrigo que el calor brindado por unos nobles animales
Ni más riquezas que el infinito amor de tus padres

El único diamante de tu corona era
la estrella fulgurante que anunció tu advenimiento...


En fin, todo este asunto me llevó a considerar el consumismo despiadado, fatuo y sinsentido que se vive en esta festividad (y en general, en todas las celebraciones del calendario; que la publicidad se encarga muy bien de explotar en favor de sus publicitados, incluso importando tradiciones que poco tienen que ver con nosotros, y, lo que es más lamentable, aceptamos como viles autómatas) y que se fue imponiendo paulatinamente hasta hacer pasar prácticamente a un segundo plano lo que verdaderamente importa. No son pocas las personas que he visto quejándose por los gastos que les genera la Navidad, pero también es cierto que nada hacen por evitarlos o disminuirlos a un nivel razonable, recordando en definitiva que, siendo creyentes o no, lo importante no es tener el pino más grande, el regalo más costoso o la fachada mejor iluminada; sino que aprovechar la oportunidad que nos entrega esta fecha para reunirnos y compartir fraternalmente con los que queremos, que es lo que nos va a quedar en el recuerdo una vez que pasen los años y llegue el momento de partir.
Para terminar, recordar las sabias palabras de Huidobro en este mismo poema:

"...lo único que vale en la vida es la pasión
Vivimos para uno que otro momento de exaltación."



miércoles, 31 de diciembre de 2008

¿DECLARACIÓN DE INTENCIONES?

Navegando por diferentes blogs, he podido observar un convencionalismo, si no en todos, sí en la mayoría de ellos, en lo referente a la primera entrada que se publica: normalmente se reserva a describir el propósito que tendrá la bitácora. Pero en éste, mi blog, no. Definitivamente no (Quizá porque en este mundo paralelo a la realidad tampoco funciono como la mayoría de la gente, pero esto no es algo que deba interesar, para eso mejor váyase a ver farándula). Como podrá apreciar amable lector esta historia no comienza con una frase exultante del tipo "¡¡¡Hola amigos, este blog está dedicado a todos aquellos que alucinan con los cactus!!!"; o un acogedor "Blog dirigido a todos quienes aman las series de Tv de Buthan" (con el debido respeto que merecen esas series); ni con ninguna chorrada de ese estilo.
La verdad es que no va dirigido este blog ni dedicado a nadie en especial, ni tratará sobre ningún tema en particular. Sólo puedo advertir que no escribiré sobre mi por:
  1. Pudor;
  2. Mi vida no dista mucho de la del resto de los mortales, por lo que no veo que sea el caso exponerla aquí;
  3. Por otra parte, entiendo que a las personas les encante sumergirse en las vidas de los famosos (todo con sus debidos límites eso si), pero hacerlo en la de un anónimo de la red rayaría en el fisgoneo patológico (en ese caso, recomiendo visita urgente al psiquiatra); además, su vida no gana nada con conocer ni de mi vida, así como tampoco se enriquece con conocer de la de Brad Pitt y Angelina Jolie;
  4. Me parece un ejercicio de egolatría impresentable.

Y entregadas todas las recomendaciones de rigor, declaro inaugurado este antro y queda usted, caro lector, invitado a visitarlo cuando desee y a comentar lo que le venga en gana. Dixi.