Si bien más de un mes ha transcurrido desde la Navidad, con ocasión de ésta ha vuelto a rondar por mi mente un maravilloso poema escrito por Vicente Huidobro, titulado "Pasión, pasión y muerte", el cual leí y releí asiduamente en alguna época y cuya existencia el paso del tiempo se encargó de remover a algún ignoto lugar de mi cerebro.
Publicado el Viernes Santo del año 1926 en el diario La Nación (Santiago de Chile) (sí, en esa época era natural ver poesías en las páginas de los diarios, del mismo modo en que hoy nos enteramos en ellas de las vicisitudes amorosas de personajes de dudosa "fama" y nula importancia), se dice que su aparición fue, dentro de la alta sociedad chilena de ese entonces, algo cercano a la detonación de un artefacto explosivo, pues el vate daba a conocer públicamente su enardecido amor (amor que según dicen los expertos fue fructífero en cuanto a que sirvió de inspiración para algunas de sus más importantes obras, entre ellas, Altazor) por una muchachita llamada Ximena Amunátegui, la cual apenas se empinaba por sobre los 16 años. Huidobro contaba a la sazón con 33 años, un matrimonio y tres hijas. Luego de ese episodio se vio obligado a huir al extranjero para aplacar el escándalo, el cual se desató en toda su magnitud un año después, en 1927, cuando regresó clandestinamente al país, recogió a su enamorada en la puerta del colegio, y finalmente huyó con ella por tierra hacia Argentina, para luego embarcarse a París.
Volviendo al poema en sí, en principio parece tratar sobre la pasión y muerte de Jesucristo, pero luego esa religiosidad cede y se nos revela el verdadero caracter del poeta, más bien ateo:
"...Señor, perdóname si te hablo en el lenguaje profano,
Mas no podría hablarte de otro modo
Pues soy esencialmente pagano..."
Mas no podría hablarte de otro modo
Pues soy esencialmente pagano..."
En seguida, un par de versos después aparece el real motivo, la amada, que despierta una pasión tal en él que, incluso sin creer en Dios, le obliga a elevar de todos modos una plegaria:
"...Hay en el mundo una mujer, acaso la más triste,
Sin duda la más bella,
Protégele Señor sin vacilar, es ella,
Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,
Sin duda la más bella,
Protégele Señor sin vacilar, es ella,
Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,
Ayúdame a quitarle de todos los peligros Señor..."
Ahora, ¿qué tiene que ver la Navidad en todo esto? En verdad, nada; tan sólo una simple asociación de ideas (o desvarío, si lo quieren así llamar) me llevó a imaginar los versos iniciales del poema, que rezan así:
"Señor, hoy es el aniversario de tu muerte
Hace mil novecientos veintiséis años tú estabas en una cruz
Sobre una colina llena de gente
Entre el Cielo y la Tierra tus ojos eran toda la luz",
Hace mil novecientos veintiséis años tú estabas en una cruz
Sobre una colina llena de gente
Entre el Cielo y la Tierra tus ojos eran toda la luz",
en una versión alternativa acorde con la festividad de fin de año:
Señor, hoy es el aniversario de tu nacimiento
Hace más de dos mil años tú estabas en un humilde pesebre
Sin más abrigo que el calor brindado por unos nobles animales
Ni más riquezas que el infinito amor de tus padres
Hace más de dos mil años tú estabas en un humilde pesebre
Sin más abrigo que el calor brindado por unos nobles animales
Ni más riquezas que el infinito amor de tus padres
El único diamante de tu corona era
la estrella fulgurante que anunció tu advenimiento...
En fin, todo este asunto me llevó a considerar el consumismo despiadado, fatuo y sinsentido que se vive en esta festividad (y en general, en todas las celebraciones del calendario; que la publicidad se encarga muy bien de explotar en favor de sus publicitados, incluso importando tradiciones que poco tienen que ver con nosotros, y, lo que es más lamentable, aceptamos como viles autómatas) y que se fue imponiendo paulatinamente hasta hacer pasar prácticamente a un segundo plano lo que verdaderamente importa. No son pocas las personas que he visto quejándose por los gastos que les genera la Navidad, pero también es cierto que nada hacen por evitarlos o disminuirlos a un nivel razonable, recordando en definitiva que, siendo creyentes o no, lo importante no es tener el pino más grande, el regalo más costoso o la fachada mejor iluminada; sino que aprovechar la oportunidad que nos entrega esta fecha para reunirnos y compartir fraternalmente con los que queremos, que es lo que nos va a quedar en el recuerdo una vez que pasen los años y llegue el momento de partir.
Para terminar, recordar las sabias palabras de Huidobro en este mismo poema:"...lo único que vale en la vida es la pasión
Vivimos para uno que otro momento de exaltación."

3 comentarios:
Después de la bienvenida entregada "eres el incauto número ..." sólo me resta decir que con los años nos vamos poniendo mas complejos y eso claramente se nota en el calibre de la prosa que materializa nuestros pensamientos... en cuanto a la historia de Huidobro, es muy grata, ya que quién no ha pensado en dejar que el corazón mande y hacer alguna locura por lo que consideramos amor.....
Respecto a la navidad, concuerdo al 200%, se ha perdido el real sentido en las festividades y de hecho día a día se generan fechas de caracter comercial, de hecho en una semana veremos como la gente correra por un ramo de rosas, chocolates, para demostrar el "eterno amor", pero no se preocupén que a la noche al prender el televisor veremos que nuevamente un amado esposo asesino a su señora con un balazo en la cabeza porque la amaba mucho....
Saludos y bendiciones jajajaja
J
Holisss
Leí todo. Por fin. Sí, tienes razón con todo eso de la navidad, falta cultura de familia y de amor tal vez, y se suple con regalos materiales.
El poema no lo conocía, la adaptación te quedó rewena. A veces uno comete locuras o tonteras por culpa del corazón.
Saluditosss, tamos hablando
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